Diálogos en Habana: Por una paz sin desaparecidos!

La Fundación apoya el proceso de paz y aboga por un Acuerdo humanitario y de justicia que permita encontrar a los desaparecidos.

Ver el posicionamiento de la Fundación con las organizaciones de Derechos Humanos

 

Bogotá, Colombia, 24 de abril de 2006.

La Fiscalía ha recibido 3.710 denuncias de sitios en donde hallarlas; pero la mayoría no se ha podido explorar por falta de recursos.

Daban clases de descuartizar

Cuando en EL TIEMPO decidimos hacer un informe especial sobre el fenómeno de las fosas comunes comenzó a repetirse una escena en la sala de redacción: uno a uno, los reporteros que volvían de su labor, llegaban aterrados.

Pocos cubrimientos nos han sacudido de tal manera y pocos son tan difíciles de contar con palabras: por el tamaño del horror del método de muerte de los asesinos, por el dolor de las familias de las víctimas que no se aplaca y -tal vez lo más angustiante- por la sensación de que la magnitud de esta empresa desborda por el momento al país. ¿Se podrá desenterrar un porcentaje significativo de los muertos e identificarlos para aliviar a sus familiares? ¿Se logrará hacer como es debido el duelo para evitar abrir un tercer capítulo de violencia extrema en Colombia?
Los testimonios de paramilitares y los resultados de los equipos forenses permiten concluir que las Autodefensas Unidas de Colombia no solo diseñaron un método de descuartizar a seres humanos sino que llegaron al extremo de dictar cursos utilizando a personas vivas que eran llevadas hasta sus campos de entrenamiento.

Francisco Villalba, el paramilitar que dirigió en terreno la barbarie del Aro (Antioquia), en la que torturaron y masacraron a 15 personas durante 5 días, revela detalles de esos cursos hasta hoy desconocidos. "Eran personas de edad que llevaban en camiones, vivas, amarradas (...) Se repartían entre grupos de a cinco (...) las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza... descuartizarlas vivas", dice su expediente.

El uso de la motosierra no se ha visto en los cadáveres hasta ahora desenterrados. "Entre otras, no era práctico porque la motosierra se enreda en la ropa y por eso prefieren el machete", explica un fiscal especializado en exhumaciones. El 70 por ciento de los que han desentarrado en la Costa están desmembrados con machete y la mayoría de los 106 cadáveres hallados en Putumayo -adonde Carlos Castaño exportó primero su maquinaria de muerte desde Urabá y Córdoba- recibieron un tiro en la cabeza y luego fueron partidos en cada articulación prominente.

¿Por qué descuartizar? Por un pragmatismo macabro: ante la necesidad de correr menos riesgos con jueces de aquí y del mundo por crímenes de lesa humanidad, los tenían que enterrar. Y para no tener que cavar fosas muy profundas -para ahorrar esfuerzo- lo mejor era partirlos en pedazos.

"A la medida del tronco (de la víctima) usted hace el hueco, aunque hondo. Y todas las piezas las mete. Entre cuatro o cinco mujeres hacen ese trabajo en unos diez minutos", cuenta uno que comandó grupos de 'paras' en los Llanos. No parece haber explicación antropológica de querer esconder al otro, es solo una solución práctica.

Salvatore Mancuso por ejemplo confesó que para evitar que hallaran el cuerpo del líder indígena Kimi Pernía, lo sacaron de la fosa y lo echaron al río Sinú. Y fuentes informadas cuentan que antes de comenzar la negociación, el mismo Mancuso, para esconder sus crímenes, mandó a levantar tierra de una finca en Ralito que su grupo había sembrado con cadáveres. Ahora, las Águilas Negras, herederas de los 'paras' los están desenterrando y lanzando a los ríos, dicen investigadores.

¿Y de la guerrilla? También se han encontrado fosas, sobre todo en Cundinamarca, pero el 98 por ciento de las denuncias de las que se ocupa hoy la Fiscalía son de 'paras'.

'A Bogotá le importa un carajo': especialista

El capítulo de desenterrar los desaparecidos juega un papel vital si se quiere un proceso que de verdad sane heridas en el país.

Y así lo reconoce Eduardo Pizarro, presidente de la Comisión Nacional de Reparación: "Ellos (los paramilitares) buscan borrar la memoria. (...) Hay que desenterrarlos (...porque) lo más importante para la víctima es recuperar el cuerpo de su hijo".

Uno de los grandes problemas es que este tema no parece tocar nervios críticos del país. "Cada vez como que no pasa nada. Seguimos encontrando fosas y al país como que no le duele", se queja otro de los fiscales encargado de desenterrar. Y María Victoria Uribe, antropóloga que le ha dado cátedra al país sobre la violencia de los años 50 anota: "A la sociedad bogotana le importa un carajo que descubran 15 cadáveres en Sucre".

En la antigua Yugoeslavia, por ejemplo, montaron un banco de ADN que les permitió identificar a 10.000 víctimas. En Colombia se están haciendo algunos esfuerzos (se aprobó un Plan de Búsqueda, a finales del 2006 se reforzó el equipo de Fiscalía: aumentó de 1 a 3 fiscales especializados y a 8 fiscales de apoyo), pero no se ha logrado completar el registro unificado de desaparecidos al que obliga la ley desde el 2000 y a los que exhuman les ha tocado hasta protegerse con la fosa como un trinchera por la presencia de grupos armados.

Pizarro asegura que el tema amerita un documento Conpes o estar en el Plan de Desarrollo. Pero por ahora, ni lo uno ni lo otro.
Cada una de las historias de las víctimas es conmovedora. Un abogado que recorrió durante ocho meses el río Magdalena buscando los restos de su hermano o la mujer de Amalfi que perdió a sus cuatro hijos y ha hurgado hasta en camiones de cadáveres tratando de encontrarlos, son apenas unas de ellas.

Hallazgos a punta de recompensas y descuentos

¿Cuántas fosas se podrán encontrar? La ubicación de las fosas las dan informantes que quieren ganarse 500.000 pesos o paramilitares denuncian para lograr una rebaja de hasta un cuarto de su condena.

Los que quieren ganar dinero a costa de los muertos se convirtieron en un escollo, pues de oidas, daban datos que les hicieron perder mucho tiempo a las autoridades. Las que denuncian los 'paras' son más acertadas. De hecho se aumentó un 500 por ciento desde que empezó a aplicarse la Ley de Justicia y Paz. Sin embargo, ahora no tienen claro si serán tenidos en cuenta para los beneficios y por eso, mientras en el 2006 fueron 3.214 denuncias (9 por día) en lo corrido del 2007 el promedio ha bajado a 5 por día (496). Y las denuncias de las víctimas son cada vez más escasas por el miedo: "Algunas no quieren ir con nosotros -cuenta un investigador-, pero nos dejan un palito en la noche en el sitio para guiarnos".

¿Qué va a hacer el país? En este primer intento de la historia de Colombia por buscar la verdad de una época atroz no tendría ninguna justificación que el país urbano que vive en el siglo 21, no haga nada para evitar que el país rural siga siendo arrasado por la barbarie.

¿Busca la prenda de un ser querido?

La Fiscalía General comenzó a publicar en una página web, fotografías de las prendas que acompañaban a algunos de los restos óseos encontrados en fosas comunes. Este museo de la infamia lo encuentra en la dirección electrónica: http://www.fiscalia.gov.co/justiciapaz/index.htm

Se entrenaban para matar picando campesinos vivos

'Pruebas de coraje'. De esa manera llamaban los paramilitares a los entrenamientos que les impartían a sus reclutas para que aprendieran a descuartizar personas vivas.

Inicialmente, las autoridades desestimaron las versiones de campesinos que denunciaban esta práctica y le atribuían a estos 'cursos' la de-saparición de personas.

Pero cuando los propios combatientes empezaron a admitirlo en sus indagatorias ante la Fiscalía, el mito se convirtió en otro crudo crimen de lesa humanidad.

Francisco Enrique Villalba Hernández (alias 'Cristian Barreto'), uno de los autores de la masacre de El Aro, en Ituango, Antioquia, recibió este tipo de entrenamiento en el mismo lugar en el que le enseñaron a manejar armas y a fabricar bombas caseras.

Hoy, preso en la cárcel La Picota, de Bogotá, Villalba ha descrito detalladamente, durante largas indagatorias, cómo aplicó esta instrucción.

"A mediados de 1994 me mandaron a un curso en la finca La 35, en El Tomate, Antioquia, donde quedaba el campo de entrenamiento", dice en su relato a la Fiscalía. Allí, su jornada empezaba a las 5 de la mañana y las instrucciones las recibía directamente de altos mandos, como 'Doble cero' (Carlos García, asesinado por 'paras' del Cacique Nutibara).

Villalba asegura que para el aprendizaje de descuartizamiento usaban campesinos que reunían durante las tomas de pueblos vecinos. "Eran personas de edad que las llevaban en camiones, vivas, amarradas", describe.

Las víctimas llegaban a la finca en camiones carpados. Las bajaban del vehículo con las manos amarradas y las llevaban a un cuarto. Allí permanecían encerradas varios días, a la espera de que empezara el entrenamiento.

Luego venía "la instrucción de coraje": repartían a la gente en cuatro o cinco grupos "y ahí la descuartizaban", dice Villalba en la indagatoria. "El instructor le decía a uno: 'Usted se para acá y fulano allá y le da seguridad al que está descuartizando'. Siempre que se toma un pueblo y se va a descuartizar a alguien, hay que brindarles seguridad a los que están haciendo ese trabajo".

De los cuartos donde estaban encerrados, las mujeres y los hombres eran sacados en ropa interior. Aún con las manos atadas, los llevaban al sitio donde el instructor esperaba para iniciar las primeras recomendaciones:

"Las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza, descuartizarlos vivos. Ellos salían llorando y le pedían a uno que no le fuera a hacer nada, que tenían familia".

Villalba describe el proceso: "A las personas se les abría desde el pecho hasta la barriga para sacar lo que es tripa, el despojo. Se les quitaban piernas, brazos y cabeza.Se hacía con machete o con cuchillo. El resto, el despojo, con la mano. Nosotros, que estábamos en instrucción, sacábamos los intestinos".

El entrenamiento lo exigían, según él, para "probar el coraje y aprender cómo desaparecer a la persona".

Durante el mes y medio que Francisco Villalba dice que permaneció en el curso, vio tres veces las instrucciones de descuartizamiento.

"Ellos escogían a los alumnos para que participaran. Una vez, uno de los alumnos se negó. Se paró 'Doble cero' y le dijo: 'Venga, que yo sí soy capaz'. Luego lo mandó descuartizar a él. A mí me hicieron quitarle el brazo a una muchacha. Ya le habían quitado la cabeza y una pierna. Ella pedía que no lo hicieran, que tenía dos hijos".

Los cuerpos eran llevados a fosas ahí mismo, en La 35, donde calculan que enterraron a más de 400 personas.

"Eran personas de edad que llevaban en camiones, amarradas. La instrucción era quitarles brazos, cabeza, descuartizarlos vivos".
Francisco Villalba, paramilitar.

¿Fosas en lagunas y pozos de Babilla?

A finales de año pasado, un informante contactó a un grupo de investigadores para narrarle cómo antes de que se aprobara la Ley de Justicia y Paz varios jefes 'paras' de Córdoba y Sucre empezaron a hacer, en algunas de sus fincas, lagunas artificiales para la cría de peces. Según el informante, gente de la zona le advirtió a los ingenieros que las construían, que estaba contribuyendo al ocultamiento de fosas. "Solo son indicios -dice un investigador-. Pero tendremos que secar un par de ellas para ver qué encontramos". Y añade que eso también explicaría por qué en fincas como El Palmar -campo de exterminio 'para' en Sucre- había caimanes y babillas. Al respecto, Iván Cepeda, investigador de violaciones a derechos humanos, asegura en uno de sus escritos que testigos le han manifestado que varios cadáveres fueron devorados por caimanes. La misma versión circula en Monpox con relación a una finca de 'Chepe Barrera'.

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